Nada es verdad, hoy se jura y promete a destajo y mañana reina la antropofagia cruenta de sordas historias violentas que luego quedan atrás.
Nada es verdad, ni luz de la calle que iluminó tu rostro cuando empapado mirabas la ventana de aquella chica triste, allá en el cuarto piso.
Nada es verdad, no lo son tus manos en sus cabellos rojos, ni las horas dormidas junto a sus ojos despiertos. Hoy tus promesas son ecos lejanos del profano mausoleo que fotografiaste cuando cayó la luz.
Hoy nada es verdad, su olor se fue de ti, sus discos de Fito y Drexler emigraron a quién sabe dónde y tu panóptico de ella se extravió un martes de feria porque tú no fuiste verdad.

2 comentarios:
Antropófagos somos todos, tarde o temprano devoramos al otro sin importar las tangentes vividas...
Excelente Sopaipilla, muy honesto de tu parte
todo termina por esfumarse, pero recordar un tacto o un olor es algo de lo que no podemos librarnos. Seguro que pasados 50 años, volvemos a sentirlos y los notamos como el primer día...
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